El consejo de ministros anuncia la creación de un sandbox, y despertamos en un nuevo entorno, sin aún haber digerido, que es eso de las competencias digitales.

Por lo que parece, los estudios académicos reglados apenas son capaces de dotar a nuestra sociedad de profesionales en competencias digitales, palabra eufemística que engloba ámbitos desconocidos que nos obliga a hacer una reflexión.

Si hasta hace poco las competencias digitales eran simplemente tener un sitio web (página web, blog, página en red social) y navegar por la red con cierta destreza, ahora despertamos sabiendo que necesitamos algo más que no sabemos establecer.

Algunos adelantados, nos explicaban que los niños deberían aprender a programar en lenguajes cibernéticos (Java, php, oracle) como se aprende música, inglés o matemáticas. La realidad es que no podemos olvidar las materias básicas de la ciencia y las humanidades, y sobre todo materias “blandas” que ayuden a estar en continuo aprendizaje. Desentrañar el secreto de las tecnológicas no es fácil, y menos con las rigideces de un sistema que se rige por la burocracia y el miedo a meter la pata, lo que provoca precisamente eso mismo.

Las empresas de Fintech, ese vocablo que define a aquellas empresas que usan la tecnología digital para asuntos financieros, nos ha puesto en el tema. ¿Que se nos ha olvidado explicar?

Hasta hace poco menos de 2 años, casi nadie sabía qué era eso de un sandbox, aunque se reclamaba frecuentemente como elemento de desarrollo de la llamada 4º revolución industrial. Chiringuitos financieros aparecían y desaparecían fruto de estos tiempos sin saber si eran delincuentes o aventureros, una frontera muy porosa. Las granjas de ciber monedas, la venta de dichas monedas, nuevos formas de transmisión de dinero a través de sistemas mucho más ágil, rápido y seguro. Y nosotros sin nuestro sandbox. ¿Pero qué es un sandbox?

En esencia es fácil de explicar. Lo que no es fácil es hacer. El primer sandbox ha nacido en UK, dada la importancia de Londres como capital financiera mundial, y lo hizo en 2017. Es una caja de pruebas de nuevos recursos financieros que ayuda a comprender si un software es viable en el régimen regulatorio de un país, y que debemos hacer para hacerlo posible. De lo contrario, un país puede quedar lejos de estos sistemas que están revolucionando la banca y las finanzas.

Esta definición me ayuda a pasar revista a nuestro horizonte 2020, ese objetivo que se nos marcó hace algo menos de una década, cuando alumbraba el nuevo siglo y las tecnológicas luchaban por conquistar el mundo.

Hace poco más de dos años, estas habían superado a empresa como petroleras, inmobiliarias, construcción y bancos. El mercado dirigido a consumidores está en sus manos. Amazon controla mucho del mercado minorista, y mayorista, y compite con distribuidoras industriales de todo tipo de componentes. Ahora la nueva Secretaría de Estado de digitalización e IA nos dice que está en juego esa 2º fase de la 4RI, donde el sector industrial se juega su futuro. ¿Será devorado también por las tecnológicas?

La clave está en aprender rápidamente a usar el big data, proveer de herramientas de inteligencia de negocio y ser predictivo. Poner a disposición de empresas pequeñas y medianas herramientas de BI y Big data y avanzar hacia la IA. Socializar el conocimiento que ha conquistado el mercado y ha puesto en manos de las tecnológicas la economía, los negocios, la política, y hasta nuestros formas de relacionarnos. Nada se escapa a ellas y nada puede avanzar sin tener en cuenta la tecnología usada. Hay que aprender a usar dicha tecnología para ser productivas en esta era. Ese parece ser el camino.

Los Estados deben aprender a adaptar su leyes fiscales y laborales. De esa manera hacen viable lo que hoy es inviable, adaptar las regulaciones a las tecnología digital del siglo XXI, que salta las leyes de protección de datos, las leyes laborales, los derechos humanos y sociales. Ya que la economía productiva del siglo XXI se genera a partir de estas tecnológicas, que ya han cambiado el mundo.

Uso de información individual, células madre, regulaciones de la competencia, cargas fiscales, marcos laborales, planes de pensiones, edad de jubilación, trabajo a distancia, trabajadores por cuenta propia o ajena. Aparecen nuevas formas de trabajar, y de vivir, porque la forma de trabajar será alterada. El trabajo será más creativo y también más colaborativo, pero también más tecnológico, cambiante y evolutivo. Se subcontrata servicios, que antes eran realizados dentro de cada empresa, las grandes empresas crean aceleradoras desde las que lanzan sus proyectos de I+D+i, y se dinamiza el tejido profesional. ¿Tiene que haber precarización de las condiciones laborales por esto?

Todo será posible, si los rendimientos sacados de esta revolución son elevados. Y para eso las empresas, pequeñas y medianas deben aprender a usar los datos y hacerlos herramientas de predicción, asegurar la respuesta y confirmar resultados. Y sobre todo España debe cambiar el modelo impositivo. Hacer que los impuestos se apoyen en el beneficio de las empresas emergentes y tecnológicas y no en las rentas del trabajo. Para eso habrá que cambiar muchas cosas y eliminar procedimientos burocráticos que lastran el desarrollo.

El futuro es hoy y mañana será tarde, porque no sabemos donde estaremos.

Billy Kidgarden

Publicado por Billy Kidgarden

I embarked to know the world. Disembarked to know the man. I want to return to embark me.....It´s impossible to know it

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